23 enero, 2006

[La Espera]

Estos días han sido curiosamente un bombardeo de emociones sin control. He reído, he sentido molestia, he querido llorar muchas veces. Ésta última sensación no se ha dado simplemente por un deseo tan profundo de reprimir esta acción, que se canalizó hacia la ya típica angustia. ¿Estupidez? ¿Adelantarse a los hechos? ¿Desorden de decisiones? Sea lo que sea, me está incomodando.
Lo que sí tengo claro es la causa: fue el desechar una oportunidad a cambio de no hacer mal a una persona. Mejor dicho a cambio de evitar una posibilidad de causar daño a una persona... una eventualidad a gran escala, donde por un momento me puse por encima de todo lo que pudiera significar importancia de otra persona aparte de mí y el alguien que tenía en frente. Como todos sabemos, en algunas ocasiones las decisiones no completamente de uno y así fue como la oportunidad fue desechada.
Desde el minuto siguiente y los que siguieron, mis pensamientos fueron desviados desde su origen y se convirtieron en uno solo: "Y si hubiera..." Demasiadas interrogantes, demasiadas situaciones hipotéticas, demasiados valores en juego, amistades apostadas... ¿y quién gana al final de todo esto? Por experiencia propia, en estos juegos de tres, siempre hay uno que sale perdiendo...
Ante estas situaciones, la vida siempre se encarga de nublarnos las mentes. Pareciera ser más entretenido que uno escoja el camino mientras se está haciendo. Ciertamente hay alguien tratando de guiarte en todas las ocasiones. Aún así me estoy nublando y tú (sé que leerás esto en algún momento), tú eres la única persona que puede aclararme el horizonte. Hazlo sin miedo, porque puede que mañana ya no tenga nada que esperar, ni nada que buscar en ti, puede que extrañe mil y una cosas; pero el sol estará mañana, estará así como no dejarán de haber estrellas, no dejaré de apreciar el viento rosando mi cara... la vida estará ahí para mí todavía...
[Hazlo sin miedo, pero hazlo luego...]

11 enero, 2006

[El Regreso.]

Volví después de ocho días de ausencia, ocho días muy densos en sentimientos y vivencias, ocho días cargados de trabajo, ocho días muy cansadores dentro de los cuales cumplí al fin mis 16 años. Creo tenerlos un poco aburridos con ese asunto. La sensación es de casi completa extrañeza, en donde predomina la alegría. Sí, señoras y señores. Aunque ustedes no lo crean, el balance es positivo. Me pregunto por qué no podría ser de esa forma. Pues, la razón es simple: durante los días en que me dediqué a la vida comunitaria y espiritual, acompañada del trabajo apostólico en distintos sectores de Santiago y específicamente en Pudahuel, que significó mi campamento de formación, viví una decepción muy grande, una de la rabias más fuerte y raudamente generadas en la historia de mi existencia y, por último, mi parte de ser humano que solemos llamar corazón fue completamente pisoteada. Aún no me lo explico, pero no me quedé con esa sensación. En mi interior abunda un sentimiento curioso que provocó la gente que conocí, sensaciones que experimenté y las situaciones de las que tomé conciencia. Justo en este segundo, el único "problema" circundante en mi cabeza es uno referente a la identidad: La ya mencionada gente que conocí me encontró como una persona completamente distinta a la percepción que yo tenía de mí mismo unos días antes de partir. "No sé. Me agradas porque eres como risueño y relajado. No te ves para nada estresado." ¡Qué contradicción! Yo pensaba que era una de las personas más acomplejadas y estresadas que conocía. De igual manera, pensaba que ya la seriedad era mi compañera inseparable y que no iba a reirme de cualquier cosa... Resultó ser lo contrario: vaya que me reí. Y a veces ni sabía por qué.
Así fue como de pronto se me contrapuso la imagen del joven (casi pongo mi nombre) de negro con muñequeras, con cinturón enchapado y cadenas, usando zapatillas con punta de metal, encerrado en su pieza y con cara seria, contra el jovencito de polera chillona y naranja, con un dibujo bastante infantil para mi gusto, con blue jeans zapatillas claras pero sucias como si hubiera jugado mucho, que estaba bailando música electrónica con la puerta abierta y con el volumen lo suficiente mente abundante para ser escuchado desde una buena distancia...
¿Cuál es más "yo"?¿Qué me representa más?¿Qué prejuicios van asociados con cada imagen?¿Dónde está el equilibrio? y ¿dónde está el apoyo de la gente?
¿Eso lo cambia todo o la escencia permance? Parece que lo único que no cambia es mi peinado, por chistoso o superficial que eso suene. Sepan que estoy muy tentado de la risa con ese comentario.

[Controversia.]